sábado, 16 de abril de 2016

Responsabilidad y memoria

 Calaveras y Diablitos 
COLUMNA
Por: LCFB

Hace 26 años, en pleno aniversario de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre de 1989, apareció el “Hoy no Circula”. Una medida “ambiental” que hoy se resume en molestias, malas decisiones gubernamentales y una crisis en la ciudadanía.
Indudablemente, al repartir las equivocaciones, quien lleva la delantera, son los gobiernos locales de la hoy llamada Megalópolis y los funcionarios del nivel federal. Desde entonces, lo que eran la regencia y después las jefaturas de gobierno así como los gobernadores del Estado de México no lograron dimensionar el problema, no lo colocaron en su auténtica dimensión, porque sencillamente imperó más el aspecto político que el social, ambiental y de salud.

Al suspender la circulación del 20 por ciento del parque vehicular creyeron que la muerte de aves, uno de los síntomas que lo hizo voltear hacia el problema, era lo único que tenían que arreglar.

Entonces, al igual que en estos días de abril de 2016, lo más fácil y sencillo de normar y controlar fueron los vehículos particulares (sin contabilizar los autos oficiales, las fábricas de la zona, los incontables vuelos del aeropuerto o la generación de gases en los innumerables basureros), y de un solo movimiento mandaron a descansar, por día, a 400 mil autos.    

Las cifras de aquellos días eran claras: en el área metropolitana cerca de 30 mil industrias y dos millones de vehículos, en conjunto, lanzaban cada año a la atmósfera 4 mil 900 toneladas de partículas sólidas, 10 mil de bióxido de azufre, 48 mil de óxido de nitrógeno, y casi cuatro millones de toneladas de monóxido de carbono… los imecas llegaban para quedarse.

Bajo ese escenario, sin consultar a especialistas, desdeñando a los investigadores y gastando el dinero en la priorización del automóvil (la principal contradicción del Hoy no Circula) se dejó pasar un cuarto de siglo hasta que el Valle de México, porque la naturaleza no se equivoca, dijo basta y se apretó, nuevamente, el “Hoy no circula”.

Vino el reclamo, con justificación, ante la inoperancia de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y, de ahí, la pérdida de memoria de muchos ante la reacción sombría de Eruviel Ávila Villegas, gobernador del Estado de México, quien olvida lo que produce el parque vehicular etiquetado como estatal y las empresas “mexiquenses”.
Sin contar, las reacciones pocos serias de los gobernadores de Tlaxcala, Mariano González Zarur; Morelos, Graco Ramírez; Puebla, Rafael Moreno Valle e Hidalgo, Francisco Olvera Ruiz, quienes desdeñaron sumarse a las acciones preventivas con la simple visión de que en sus  territorios los niveles de contaminación son menores.

Y atrás de todos ellos, una información del Fondo Metropolitano del Valle de México  habla por sí sola: en los últimos 10 años se presentaron 573 proyectos y, de ellos, sólo cuatro eran sobre la red de monitoreo atmosférico, la medición de la calidad del aire y cambio climático.

Aún más, de los 33 mil 769 millones que aplicó el Fondo, sólo se invirtieron 7 mil 396 millones de pesos para el transporte masivo que se tradujeron en: Transportes Articulados del Noriente, la Línea 12 del Metro, el Metrobús Tacubaya-Tepalcates, la automatización del Tren Ligero, el Metrocable del Edomex y la rehabilitación de los Centros de Trasferencia.

Para completar la incoherencia, se gastó 25 por ciento de ese dinero en 150 obras como puentes viales, deprimidos y rehabilitaciones de calles para los autos; sin duda, en ello el error es político.


Sin embargo, estos desaciertos se complementan con acciones como no bajarse del auto para un recorrido de cinco minutos o pagar el “brinco” en el verificentro, y ahí los políticos no inciden en nuestras decisiones como ciudadanos, ahí la ciudadanía debe tener memoria de su acciones cotidianas, porque ya la zona centro del país necesita de responsabilidad.       

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